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Concurso #Queelmundomeconozca

9 abr

Como el concurso de la semana pasada fue un éxito decidimos hacer otro. Esta vez lo vamos a hacer entre nuestros seguidores de twitter.
La consigna es, nuevamente, muy sencilla. Queremos que todos conozcan qué están leyendo, ahora, en estos días, o qué libro terminaron el fin de semana, o cuál van a empezar dentro de poco.

¿Cómo concursar? Más fácil aun. Primero tienen que seguir @labestiae, nuestra cuenta en twitter, luego tienen que tuitear qué libro están leyendo (alcanza sólo con el nombre, pero si quieren agregar autor y editorial mucho mejor) y agregar el hashtag o la etiqueta #Queelmundomeconozca. Y listo. Con todos los que lo hagan vamos a sortear dos ejemplares de Que el mundo me conozca, de Alfred Hayes, una de nuestras novedades de abril.

Tienen tiempo de participar hasta el viernes 13 de abril a las 22 hs. Esa misma noche sorteamos los dos ganadores.

¡Buena suerte entonces y a tuitear!

UPDATE: hicimos el sorteo con la herramienta TwitterDraw y los ganadores fueron @Pisciana100 y @Trilcico. Felicitaciones a ambos.

Carta de la Bestia

29 dic

Buenos Aires, diciembre de 2010

Estimado lector:

Una de las ideas que tenemos en La Bestia sobre la lectura no coincide con la que tienen los jefes de marketing: no creemos que los libros sean colecciones de moda (tampoco lo contrario). Y en diciembre planeamos con mucha delectación El caballero que cayó al mar, una novela que garantiza nuestra concentración porque es una historia sin resquicios, absolutamente enemiga del tedio. En un crucero entre Honolulu y Panamá un hombre resbala en una mancha de aceite y cae al agua. Da la casualidad, no siempre posible, de que el hombre es un caballero. Da la casualidad de que el agua es el mar. Quiere decir, un hombre respetable, honesto, trabajador. Financista, miembro de un club de remo, padre de dos hijos. Quiere decir, nada menos que el océano, tan insaciable y repetidor como le gustaba a Valéry. En medio del mar, los atributos del caballero de poco sirven. Y así, este libro sencillo, con apetencia de lectura exclusiva, que empieza pareciéndose a Relato de un náufrago termina pareciéndose a Musil. Claro que no hay ningún guiño, ninguna ambición “intelectualosa”, porque en realidad al que se parece de veras Herbert Clyde Lewis es a Scott Fitzgerald, de quien se confesaba admirador.

Distraer la atención con estas palabras es un acto de complicidad discreta, y menos que con el negocio tiene que ver con la amistad, con el placer —en absoluto secreto— de contagiar un gusto, de transmitir una novedad.

En La Bestia estamos seguros de algo: a los que nos gusta leer, para no volvernos definitivamente locos como el Quijote, nos gusta estar a mano con la ficción y con la realidad. El caballero de esta novela de Lewis lo hace posible.

Un saludo cordial,


La Bestia Equilátera