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Concurso de Novela

El 29 de noviembre cerró la recepción de obras del Premio La Bestia Equilátera de Novela. En total recibimos 804 textos, provenientes de 27 países y más e 200 ciudades. Las obras serán leídas y evaluadas por el comité de lectura, que elevará entre 10 y 16 finalistas al jurado, que elegirá al ganador. Esperamos tener novedades en el mes de marzo. Muchísimas gracias a todos por participar.

 

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El nombre del juego es muerte‘. Ninguna novela me impactó tanto. Marlowe creó una verdadera obra maestra” ED GORMAN pic.twitter.com/QAXP5pNIrb

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La Bestia Equilátera

La editorial toma su nombre de una novela homónima que se empezó a escribir hace quince años. ¿Quién sabe cuánto tiempo más hará falta para que su autor ponga el punto final? En el otoño de 2006, cansado de esperar, un grupo de fanáticos amenazó al escritor con el célebre imperativo: "Primero publicar, después escribir". Así, decidieron aguardar el nacimiento de la misteriosa bestia editando libros con su mismo sello para mantener viva una vieja ilusión: siempre habrá alguna obra maravillosa que todavía no fue descubierta, no se tradujo o ni siquiera comenzó a escribirse. http://tienda.labestiaequilatera.com/es/ http://www.labestiaequilatera.com http://blog.labestiaequilatera.com http://twitter.com/labestiae
La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraSeptember 27th, 2016 at 11:30am
"Lo curioso es que la autora de este libro, también trabajó en pequeñas editoriales"
(nota de Kosmisch para el sitio Buscándote libro)

En esta obra nos encontramos con una trama que se va construyendo sola, con una fluidez tranquila para luego pasar por reflexiones profundas y luego descripciones altamente minuciosas, dando una transparencia palpitante de lo que nos cuenta y que, de a poco y sin darnos cuenta, toma una velocidad inquietante que nos dificulta bajar el ritmo del pasar a las páginas siguientes.

El instrumento para todo esto, es la protagonista de esta obra, la Señora Halkins, una joven de veintinueve años con obesidad y carácter, aquejada de insomnio, donde la visitan en su mente cada noche el recuerdo del pasado, el Londres del 1950 y las situaciones de la posguerra, donde allí muere su marido. Trabaja en una editorial y vive en una pensión.

En la mitad de la novela pasará a llamarse solo Nancy, cuando comienza a bajar de peso haciendo unas rebajas y cambios en su alimentación.

“Más adelante, cuando decidí ser delgada, noté inmediatamente que la gente no me contaba tanto sus pensamientos.”

Los ambientes donde ocurre lo más importante son: Una pensión que la ocupan personajes con problemas de la vida real y el mundo editorial, donde la autora se encargará de llenar cada hueco de personajes intrincados e interesantes.

Lo curioso es que la autora de este libro, también trabajó en pequeñas editoriales tuvo un marido violento, tomaba pastillas para adelgazar y vivió en pensiones, pasando hambre y penurias, donde luego fue ayudada por amigos. Esta obra relata en forma de novela y en gran medida de su reflejo, lo que pasó en su vida.

Obra llena de humor e ironía, con un estilo propio y natural, como solo puede hacerlo Muriel Spark.

http://buscandotelibro.blogspot.com.ar/2016/09/muy-lejos-de-kensington.html
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La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraSeptember 26th, 2016 at 11:52am
"La visión de Lewis sobre la condición humana es tan lúcida como implacable"
(nota de Guillermo Macbeth sobre 'El caballero que cayó al mar' en Goodreads)

Muy buena novela. Es habitual encontrar en las novelas de buena calidad un elemento en común con la poesía: el pasaje de lo ordinario a lo extraordinario. Ese deslizamiento funciona como una iluminación. Se trata de una conmoción estética o intelectual por la que irrumpe una toma de conciencia que habilita nuevos significados. Lo que creíamos entender, lo que parecía tener un sentido obvio, sencillo, se vuelve súbitamente tembloroso, abierto, complejo. La filosofía de la Grecia Clásica se caracteriza por ese mismo atributo: el asombro. Sin embargo, más allá de lo saludable que pueda parecer este salto benigno, pueden también surgir graves peligros, tal como lo advierte Herbert Clyde Lewis en El Caballero Que Calló Al Mar. Henry Preston Standish, el protagonista, es un acartonado hombre de negocios, exitoso, feliz, normal, muy normal. En un lapso de pocas semanas, sin embargo, lo obvio de la vida cotidiana, lo conocido, lo aburrido, se vuelve ajeno, sombrío, el mundo de Standish sufre un terremoto existencial. Este trauma desconcierta al conformista Standish, yanqui, corredor de bolsa, padre de familia, con esposa ejemplar y dos hijos de poca edad en perfecto crecimiento. Pareciera que esa fábrica de salchichas que es el capitalismo tardío del siglo XX se rompió de golpe. Justo cuando el salchicha-Standish estaba en fase de empaquetado, de consolidación como producto de la sociedad moderna, la máquina se detuvo. Se rompió el domo totalitario del significado obvio porque la condición humana parece hacer reclamos incompatibles. Standish parece enfermo. Necesita viajar. Y viaja. El destino es cualquier destino. Sólo importa escapar, respirar aire fresco. Se sube a un barco. Tiene tiempo de descansar, de pensar. Sin embargo, accidentalmente cae al agua. Para no incurrir en un antipático spoiler me limito a comentar sólo ese episodio que el mismo título de la novela adelanta. Opino que esta novela propone una inteligente reflexión sobre los efectos del asombro filosófico, de las iluminaciones que, en definitiva, son un reclamo que viene desde muy adentro de la condición humana. Pareciera que el hombre-engranaje que presenta Chaplin en Modern Times, luego de mucho tiempo en perfecto funcionamiento, tomara conciencia de ser un engranaje. Y se rompe el engranaje. Este curioso evento puede resultar bueno pero también puede ser malo. Platón, por ejemplo, expulsa a los poetas de la República. Pareciera que según algunas opiniones, hay que clausurar el domo, promover la alienación de los hombres-engranaje, no permitir que Standish se percate de ser una salchicha. En síntesis, la condición humana que reclama humanidad para los humanos es vista con optimismo por algunos, con pesimismo por otros. En esta novela, H. C. Lewis sugiere un posible desenlace para esta disyunción excluyente. Hay que leerla. El problema que plantea es si conviene la felicidad de la ignorancia o el dolor de la lucidez. Una marioneta contenta o un caballero que cayó al mar y despertó. La condición humana hace reclamos, la sociedad responde. Creo que se trata de una novela alegórica, al menos pareciera ser esa una lectura posible. Standish cree que un caballero bien educado, de buena familia, exitoso y amable no puede caerse al mar por algo tan trivial como una mancha de aceite en la cubierta del barco. Ese Standish imaginario, ideal, marioneta, que la persona de Standish ha forjado durante tanto tiempo -toda su vida-se quiebra sólo en las últimas páginas del libro. La visión de Lewis sobre la condición humana es tan lúcida como implacable. Pienso que la lectura de El Caballero Que Cayó Al Mar es muy recomendable.
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La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraSeptember 25th, 2016 at 12:02pm
Escrito en el cuerpo
(nota de Natalia Páez para La Nación)

La experiencia corporal -el tema central del Filba, que se realizará esta semana- también habita las diversas formas de escribir y de leer

Un editor puesto a pensar en los cuerpos presentes en su catálogo es Luis Chitarroni, de La Bestia Equilátera: "El cuento homónimo de Amor ciego, de (V.S.) Pritchett, extiende la pincelada maestra de la mancha a la ceguera, que equivale a una inmensa oscuridad, no a algo infinito, materia resistente. Todos nuestros thrillers involucran el cuerpo o lo solicitan. Objeto erótico o blanco nocturno, coartada y móvil. El paraíso opuesto, de (Antal) Szerb, inicia la emboscada con un cuerpo real, estratégico, shakespereano. A fin de cuentas, el poder es el núcleo material de todo, el cuerpo omnipresente de toda beligerancia entre entidades y sustancias, palabras y cosas".

Pero el cuerpo es también el medio y el fin para el placer. Y así aparece de muy diversas formas en la literatura.

La carne habla en la literatura. Se deforma, se libera, goza, se encierra, se funde, se enferma, se silencia. Hay una retórica de los cuerpos instalada desde el origen de la historia del arte. Incluso llega a evaporarse en un momento, como síntoma de época.

El cuerpo será el tema medular de la próxima edición del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) que se desarrollará desde el miércoles y hasta el sábado próximo, y cuya conferencia inaugural, a cargo de la periodista, narradora y crítica cultural María Moreno, lleva un título que con dos palabras ajusta el talle de su mirada: "Cuerpo argentino".

Cabe también preguntarse cuándo la literatura se convirtió en festival. Y una posible respuesta sea, quizás, cuando los autores empezaron a ponerle el cuerpo. A ser ellos mismos un atractivo "instagrameable". A ponerle una cara a un texto; unos ademanes a una forma de escribir. A mirarse también entre ellos.

Ver -aquí y ahora- a Irvine Welsh, sólo por nombrar a quien será la visita estrella de esta edición, cuando ya pasaron 20 años del libro que lo popularizó en los años 90 porque llegó al cine -Trainspotting-, ¿promete una nueva experiencia de lectura de sus textos? Aquella novela hablaba también de los cuerpos y los excesos de un grupo de yonquis en busca de dinero sucio en Edimburgo: unos cuerpos a la vera de su adicción a la heroína.

En esta octava edición, son 20 las figuras internacionales y 100 las locales en cuyas obras el tema del festival, al que subtitularon Cuerpo presente, se manifiesta de muy diversas maneras. Así, es territorio político en la obra de otra de las visitas: el angoleño José Eduardo Agualusa. Que, por ejemplo, en Teoría general del olvido (Edhasa) presenta a Ludo, una mujer que cada año queda más y más atrapada en su cuerpo paralizado, que va dejando de funcionar hasta la ceguera, y que a la vez se confina en una habitación con libros a la que le va construyendo una pared que la aísla del afuera, mientras la revolución arde en Luanda.

En Agualusa el cuerpo de los protagonistas jamás se ciñe a la carne, sino que son cuerpos políticos situados en un espacio determinado: Angola. "En el fondo escribo para intentar comprender cómo es que yo me inscribo dentro de ese cuerpo social. Mi primera novela, La conjura, es una novela histórica cuya acción recorre los últimos años del siglo XIX. Y otros libros míos repasan desde allí el siglo XVII. Creo que terminé construyendo un largo panel sobre la formación de Angola movido por la necesidad de entender ese cuerpo social dividido entre una cultura urbana y una rural. La identidad es una construcción íntima y colectiva", explica. En él, el cuerpo se presenta como un territorio político, geográfico, identitario. De pertenencia a un otro abstracto casi intangible: un entramado social.
Lo que sobra, lo que falta

Pero también es el cuerpo real del autor el que se mete en la literatura, el que es tema de sus relatos, el que interviene en su manera de mirar el mundo. Se habla del pedazo de cuerpo que falta. Del que sobra. Del que se odia, del que se desea.

Otra figura que protagonizará esta edición de Filba es la del escritor mexicano Mario Bellatin, un artista que traspasa la literatura y se mete en el cine y las artes visuales, y que ha hecho algunas performances sobre su propio cuerpo. Hijo de padres peruanos, nació en 1960 en México. Tiene una obra prolífica y su novela Salón de belleza (Tusquets) -que no escapa al tema del cuerpo, la belleza y la enfermedad- ha sido traducida a 18 idiomas. Bellatin nació sin el antebrazo derecho; esto está presente en algunos pasajes de sus historias y hace a la trama de la novela Los fantasmas del masajista, basada en sus experiencias en una clínica de San Pablo especializada en personas a las que les falta un miembro, donde también está presente el relato de la medicina. En otro de sus escritos, El libro uruguayo de los muertos (Sexto Piso), relata la historia de una familia cuyos cuerpos dicen cosas. Una hermana que en lugar de boca lleva una trompa de elefante, un abuelo con el brazo y la pierna amputados, que habla a solas con una foto de Mussolini. Según cuenta en ese libro, así como también en El gran vidrio (Anagrama, 2006), el narrador termina arrojando la prótesis de su antebrazo al río Ganges.

Jugando con la delgada línea que separa la ficción de la realidad, Bellatin ha hecho de todo su aspecto un relato. Convertido al sufismo, viste túnicas oscuras, lleva la cabeza rapada y llegó a usar unas prótesis metálicas artísticas que provocan la voluntad de normalizar de la ortopedia (el relato médico). Hechas a medida por artistas, la más famosa fue una de plata con forma de pene "para salir de juerga con Marilyn Manson" que le daba un aspecto de artista cyberpunk. En Perros héroes (Interzona) el protagonista, un reconocido entrenador de perros, está inmóvil en una silla de ruedas. Los perros también están entre sus temas recurrentes y son el eje de un documental que realizó sobre un grupo de obesos que someten a sus escuálidos galgos a crueles carreras. Volviendo a los elementos autobiográficos de su obra, en Los fantasmas del masajista, Bellatin construye un relato perturbador sobre el llamado "dolor fantasma" que sufren algunos amputados que se quejan de sentir dolor en el lugar donde estaba el miembro que ya no está. Es una alegoría sobre los límites del cuerpo y de la mente.

Y es en la editorial que lo publicó, Eterna Cadencia (la casa anfitriona del Filba que organiza el festival), donde curiosamente el tema del cuerpo atraviesa todo el catálogo. Leonora Djament, su editora, dice: "Si lo veo en retrospectiva, entre otras líneas que se dibujan hay una que sobresale claramente -muy claramente para mí- y es una interrogación permanente sobre el cuerpo: desde la antología que lleva por título Excesos del cuerpo (que indaga el imaginario de la enfermedad en América latina), pasando por los cuerpos disciplinados sanitariamente de Lina Meruane, los cuerpos trasvestidos de Gabriela Cabezón Cámara, los cuerpos muertos de Rulfo, los cuerpos animales y humanos de Ana Paula Maia, los rostros deformados de Jorge Baron Biza, hasta la «extimidad» de los sujetos que analiza Tamara Kamenszain, lo viviente en Daniel Link o los cuerpos que no le importan al poder de Gabriel Giorgi? y así podría seguir. Porque básicamente lo que hay que seguir pensando es qué es un cuerpo hoy".

La metamorfosis

Lo femenino, el placer y sus límites, los estereotipos del concepto mujer han sido temas recurrentes para la madrileña Marta Sanz, premio Herralde de Novela (Farándula, 2015). En la novela Daniela Astor y la caja negra (Anagrama, 2013), con una voz en primera persona y una estética de falso documental se pregunta sobre los límites del pudor y sobre qué significa la liberación de las mujeres. Habla de la metamorfosis; de la herencia y la memoria del cuerpo. "El desnudo femenino se intelectualiza a la vez que se va consolidando como bien de consumo. Mientras tanto, Catalina come miga de pan para que le crezcan las tetas", escribe. En La lección de anatomía (Anagrama, 2008), en cambio, construye una novela autobiográfica que tiene como protagonista el cuerpo de una mujer desnuda, sobre el que se va inscribiendo su historia.

Unos días antes de llegar a Buenos Aires, también de visita por el Filba, Sanz reflexiona sobre la presencia de su propio cuerpo en sus libros: "En La lección de anatomía de algún modo aprendí que el cuerpo es el texto donde se queda impresa la vida y, al revés, el texto es un lugar que se llena de metáforas corporales. De modo que viví una experiencia lingüística que fue profundamente corporal: mi cuerpo, las señales que se han quedado en él y que provienen de la interacción con lo externo y de mi propio deterioro biológico que vuelve a entrar en conflicto con lo externo porque las mujeres en el climaterio son menos toleradas que las otras: eso lo cuento en una novela negra que no es negra pero sí que es negra que se titula Black, black, black... El crecimiento hacia un esplendor que nunca se vive como tal o hacia un lugar que nos acerca a la muerte siempre es un modo de violencia. Aprendí que la metamorfosis duele, que uno de los lugares de la literatura es ése donde se encuentran el adentro y el afuera, lo íntimo y lo público, que ese lugar cristaliza en el cuerpo y que todos estos asuntos conviene tratarlos literariamente con cierto sentido del humor. Mirándose al espejo con escepticismo autocrítico. Haciendo que el lenguaje y la autocrítica desvanezcan la vanidad. Codo con codo con las otras y los otros".

El británico Irvine Welsh ha trabajado los excesos del cuerpo (donde está presente con su propio cuerpo y su paso por las adicciones) y sobre lo freak. Así, en la mentada Trainspotting o en Acid House, como también en Porno o en Éxtasis. Y llega al paroxismo en La vida sexual de las gemelas siamesas (Anagrama, 2015) o en Escoria (Anagrama, 2000), donde un sargento promiscuo se llena de sarpullidos en los genitales que se extienden sin control y le crece un parásito en el intestino que acaba convirtiéndose en la voz de su conciencia. A días de llegar a la Argentina, desde su teléfono móvil, Welsh contesta a la pregunta acerca de si los cuerpos en la literatura, sus formas de representarlos, pueden ser leídos como signos de época: "No estoy seguro. Somos tan animales como criaturas cerebrales y todos funcionamos con información tanto de nuestros cuerpos como de nuestra mente. Me gusta escribir cómo estos dos elementos dialogan. Creo que los cuerpos en la literatura llevan consigo marcas de lugares, climas y situaciones culturales mucho más que cualquier otra cosa. Aunque es cierto que un escritor tiene que estar interesado en el momento histórico en el cual escribe".

María Moreno tendrá a su cargo el puntapié que iniciará esta octava edición de Filba. En Subrayados (Mardulce, 2013), un libro que compila sus lúcidos ensayos sobre literatura, intenta delinear el cuerpo nacional. El cuerpo argentino. Allí da la receta para armar un Frankestein erótico argento: "Sería el de un muñeco travesti con la cabeza medusina de Facundo y las tetas de la Coca Sarli -miembros honorarios del sistema de gemelos del kitsch peronista junto a los caniches enanos del general-, el pene que Perlongher coloca en Cadáveres «en el caño de la combi» y el trasero «lacayo» de Erdosain, atravesado por la mazorca que el unitario patilludo recibió en El matadero de Echeverría. Ese cuerpo argentino saldría en manifestación como dice el final de El Fiord de Lamborghini y estaría vestido con el vestido rosa de César Aira. Ah, pero con el arnés de Vera Ortiz Beti (anagrama con el que Fogwill enmascaró a la finadita Beatriz Viterbo) debajo".

Y sigue hablando del talle. No de su propio talle. Sino del talle de otra. Y dice cosas como: "Llevarse. Nada más sexy que un cuerpo que se niega a ser uno con su dueña, que, en lugar de transmitir la prestancia y la seguridad en su marcha -como si entre la orden del cerebro y el movimiento no hubiera medición alguna-, da la impresión de ser llevado hasta con vergüenza".

El Filba este año promete disfrute, entre Montevideo (donde empezó el viernes pasado) hasta Buenos Aires. Habrá, también, reflexiones sobre el cuerpo en el acto de leer. Puesto a merced de la lectura. Marta Sanz lo relaciona con una tensión corporal: "La literatura toda, en el fondo, remite a un deseo de ser mirado, pero mirado de un modo distinto al del exhibicionismo de la selfie. Mirado de un modo expresivo, donde la artificialidad es un filtro ideológico que aspira a significar algo frente a la espontaneidad o el vértigo de otros nuevos impudores, menos sofisticados, no sé si menos interesantes. Mi cuerpo interviene cuando escribo y cuando leo: soy pura contractura".
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La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraSeptember 24th, 2016 at 11:42am
'Las aflicciones' de Vikram Paralkar
(reseña de Leonardo Sabbatella para la revista Otra parte)

El recurso a la enciclopedia como dispositivo ha provocado un incontable número de apropiaciones, experimentos, expansiones y destrucciones. Hubo escritores que no necesitaron escribirlas; les bastó con anotar su referencia para hacerlas aparecer, como se lee en el borgiano “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”. Se ha traficado la operación de la enciclopedia en otros formatos, como el de la novela que busca conocerlo todo, por ejemplo, sobre las ballenas, o los intentos obsesivos por ordenar el mundo en clasificaciones que tienden al infinito. En esta última categoría podría inscribirse Las aflicciones de Vikram Paralkar, un catálogo de enfermedades extrañas.

En Las aflicciones hay ecos de Las ciudades invisibles de Calvino, de ciertos textos de Michaux y, ya se ha mencionado, de Borges; de esto casi no cabe duda. Pero también y sobre todo resuenan J. R. Wilcock y El libro de los monstruos. Quizá porque toda enfermedad somete al cuerpo a un proceso de anomalía y deformidad, el historial clínico que recupera Paralkar trae de vuelta las criaturas exóticas y amables de Wilcock. El libro de los monstruos es un trabajo que hace volar por el aire el realismo ramplón y que, como también consigue hacer Las aflicciones, habla de forma indirecta sobre la condición humana.

Máximo, el protagonista ausente del libro, descubre en su primer día de bibliotecario una enciclopedia de medicina. Entonces el descubrimiento tiene lugar. Una tras otra se suceden las enfermedades que suelen escaparle al tono almidonado de la enciclopedia y se relatan los casos clínicos con la soltura y la convicción de quien no está falseando un solo dato. Quizás el efecto de verosimilitud se deba a la traducción ajustada y efectiva de Laura Wittner.

Las aflicciones es un libro que colecciona paradojas y sinsentidos, síntomas alegóricos y efectos absurdos, apenas interrumpidos por intervenciones del bibliotecario que recibe a Máximo. El planteo es modesto (un rasgo que no cualquier autor puede convertir en una virtud) y parece movido por una risa tenue. Puede que en algún punto un lector sienta el libro algo desabrido o por demás envalentonado con su propio delirio; pero eso no obsta para que el texto salga al cruce a la falta de imaginación y los estereotipos.

Amnesias y parálisis, enfermedades que generan visiones y huesos que se curvan sin explicación van poblando las páginas escritas por un escritor-hematólogo. Es que Paralkar, además de autor de este libro, es médico —como lo era Conan Doyle, por nombrar sólo uno de su misma clase—. No es improbable que Las aflicciones haya nacido como una forma de enajenación, como el fruto de alguien contaminado hasta tal punto por las enfermedades que puede empezar a crearlas.

http://revistaotraparte.com/semanal/otras-literaturas/las-aflicciones/
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La Bestia Equilátera
La Bestia EquiláteraSeptember 23rd, 2016 at 1:27pm
¡Los esperamos! Mañana estamos en la Feria de publicaciones independientes. Plaza Perú (al lado del Malba y en el marco del aniversario del museo) De 12 a 19hs. Entrada gratuita.
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