El hombre que sabía demasiado
14 may
Luego de “Los enamorados”, La Bestia Equilátera vuelve a publicar otro libro del escritor inglés Alfred Hayes. “Que el mundo me conozca” es a la vez una historia de amor apasionada y un thriller sobre Hollywood.
Por Mauro Libertella
Que el mundo me conozca se publicó por primera en 1958. Eran otros años para la literatura norteamericana, y era sobre todo una época en la que el imaginario del cine de Hollywood todavía estaba fuertemente imbricada con ciertos libros de ficción, tanto en la elección y el tratamiento de los temas como en la misma transmigración de los escritores, que trabajaban a sueldo como guionistas para los grandes estudios y a la noche, en la intimidad de sus hoteles o en departamentos de alquiler, componían ficciones policiales, sociales, de amor o de suspenso. Ese es el caso de Alfred Hayes.
Si revisamos a vuelo de pájaro los trabajos rentados para los que escribía Hayes en los años cercanos a la novela, encontraremos un universo conceptual emparentado con Que el mundo me conozca: para The Barbarian and the Geisha (1958), de John Houston, narró la historia de un hombre que viaja solo por trabajo y se enamora de una joven oriental; para Del destino nadie huye (1955) erigió el prototipo del hombre duro, que terminaría concretando en el fílmico Humphrey Bogart; para La bestia humana (1954), de Fritz Lang, cruzó la historia de un amor con la historia de un asesinato. Esta novela tiene un poco de todas esas películas, pero la narración está anclada en una topografía cargada, terriblemente seductora: la ciudad de Los Angeles, esa especie de páramo ficcional y exuberante, pletórico en fiestas, sobreactuación, whisky, delito y soledad. Ahí llega un escritor neoyorquino, para hacerse de unos dólares en la fértil y pujante industria del espectaculo. Una noche, en medio de una fiesta, rescata del mar a una chica frágil y elusiva que parecía a punto de suicidarse. Se abre así una historia de amor apasionada, compleja y enrevesada, narrada en primera persona. Como buen constructor de argumentos para cine y televisión, Hayes es un docto artífice en la arquitectura de tensiones narrativas e historias atrapantes, pero lo más notable es su estilo, al mismo tiempo transparente y personal. Seco y lírico en un mismo movimiento, cuando la prosa dura se permite de pronto estallidos románticos, se produce el plus , la diferencia. Esa carga está puesta en el narrador, un escritor cínico que podría ser un detective cínico, y que a su modo lo es. Pero en el policial norteamericano los detectives son tipos duros, y los escritores nunca pueden serlo del todo, parecería decirnos Hayes. Por lo demás, su otra novela publicada en la Argentina por La Bestia Equilátera, Los enamorados, que fue un modesto hit entre los lectores de literatura inglesa, ya evidenciaba esa posibilidad de la novela áspera de tornarse de pronto suave y emotiva.
Como en otros textos de la época, Que el mundo… está atravesado por una tensión entre dos polos culturales de los Estados Unidos: Nueva York contra Los Angeles; la batalla simbólica de las costas. Frente a la literatura que pondera una ciudad y su vida cotidiana en desmedro de la otra, este libro se ubica en un punto de radical negatividad: las dos ciudades son, para el narrador, que vive a caballo de una y la otra, una porquería. Pero el narrador puede despreciar las dos grandes urbes porque es, justamente, un hombre de mundo, un jugador de ciudad. La actriz joven que conoce en la primera escena es, en cambio, la típica soñadora: llegó a Hollywood para superar a fuerza de voluntad y fortuna el tedio y la chatura del pueblito norteamericano, y la gran ciudad de a poco la superará. Quizás esta sea una novela definida por el temple de sus personajes, como todo thriller; sobrevive el que resiste mejor los embates del otro y de la coyuntura.
Otro elemento atendible de este relato es la relación entre literatura y dinero. La literatura argentina, sabemos, es notablemente pudorosa a la hora de hablar de dinero (salvo excepciones, como Arlt, Fogwill y algunos más), pero los norteamericanos –Hayes, aclaremos, es inglés, pero vivió en Norteamérica y como un norteamericano– no sólo lo incorporan como un tópico, sino que les sirve como unidad estructurante y como nudo de sentido. Sin embargo, cuando Hayes no es pudoroso para hablar de dinero, sí lo es a la hora de adentrarse en el territorio de la sexualidad. Si ésta es una novela sobre la relación entre un hombre y una mujer, lo es en el plano psicológico pero no en el sexual, donde el narrador, frente a la instancia sexual, funde escrupulosamente a negro. La capa psicologista, en cambio, es prolífica en huellas del freudismo: síntomas, patologías, psiquiatría. Pero esos restos psicoanalíticos, que pretenden armar el esqueleto mental de la protagonista, se diluyen finalmente en algo que en este libro es más poderoso y abarcativo: la circulación de relatos, discursos, ficciones, chamuyos. Que el mundo me conozca es la novela de un narrador-escritor sobre todo porque es la puesta en papel de un mundo donde todo es ficcionalizable, y en donde los límites entre narración y hecho fáctico son endebles, intangibles.
¿Leíste Los enamorados? preguntaban muchos el año pasado, cuando aquel otro libro de Hayes llegaba a nuestras librerías. La sorpresa de quienes no lo conocían había sido grande, y para muchos un escritor secreto se volvía de pronto un autor clave. Que el mundo me conozca, quizás, reafirme ese idilio.
Fuente: Revista Ñ





















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